Vacaciones II

Me quedo por contaros el final de nuestra experiencia de las primeras vacaciones.

La playa (en lo que a mar y arena se refiere) no fué como esperaba, ni peor ni mejor, diferente, yo soy una apasionada sirenita de agua, da igual que agua sea, me gusta hasta la de la ducha, soy un poco “imprudente” y me meto hasta bien adentro en el mar (sé nadar y tengo buen aguante aunque eso no justifica, los accidentes pueden pasar en cualquier sitio y en especial a las personas confiadas, hay que ser precavidos), así que esperaba que mi querido retoño fuera igual que yo, que viera el mar y fuera directo con una sonrisa de oreja a oreja, pero NO, lloraba cada vez que venía una ola y les decía adiós con la manita cuando se acercaba (nos hacía mucha gracia). El último día conseguimos que se metiera un poco sin llorar pero yo creo que era más resignación.

La arena por el contrario le encanto, disfruto un montón destruyendo los castillos que le hacia papi y se emocionaba metiendo las manos dentro del cubito lleno de agua.

Después de la playa nos íbamos a comer, se portaba bastante bien durante las comidas lo que es bastante gratificante, ya que en alguna ocasión ha tocado comer con lloros y al final te sienta la comida…. Después de comer se echaba su super siesta para coger energías para la pisci. Eso si que le gustaba, no habíamos ido mucho a la piscina y la descubrió en profundidad, tanto que hasta se zambullo cual pez mareado. ¡Que susto! Casi me da un infarto cuando le vi la cabeza dentro del agua y eso que no llego ni a dos segundos porque estábamos pegaditos a él, pero el susto te lo das igual, menos mal que estaba super papi para tranquilizar a mami, a propósito el salio del agua con una super sonrisa.

La verdad es que verlo divertirse en la arena, en el agua, mirando el balcón como si hubiera descubierto no se el que (supongo que el hecho de que se vieran las piscinas tenía mucho que ver jajaja), ver como le sorprendian las cosas nuevas, hizo que fueran unas preciosas vacaciones que nunca olvidadremos. La verdad que excepto el día de ida, los demás días fueron estumpendos, y pese a que yo iba con la idea de que iba a ser imposible descansar, descanse, en especial mentalmente. Además se creo un vinculo mucho mas fuerte, más bonito, son momentos que no cambio por nada. Somos mucho de rutinas, lo somos para nosotros pues imaginaros para él, yo creo que eso ayuda a que el día no se vuelva caótico.

El momento vuelta a casa fue bastante depre, supongo que para el peque tambien y por eso lloraba todo el camino MADRE MIA QUE VUELTA A CASA jaja yo me puse regular con la tripa y el peque a mitad de camino se puso a llorar desconsolado porque se le hacia pesado. En este momento aprendi una gran lección, yo que siempre había criticado a los padres que recurrian a las tecnolgias para calmar a sus hijos, aprendi a no juzgar porque no se como es la situación y en momentos como nuestra vuelta a casa, despues de media hora llorando en el coche sin parar, puse Peppa Pig y vi la luz por el resto del viaje. Me resisti pero…. a veces se necesita.

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