Reflexión sobre la maternidad. Mi yo del pasado y mi yo del presente.

Recuerdo la primera vez que estuve sola ante una clase de unos 20 niños. En aquel momento, tan solo daba media horita de clases extraescolares todos los días, pero para mi, era el mejor trabajo del mundo y quería emplearme a fondo para que la media hora cundiera de maravilla. Así que me plante en el aula y de todo lo que había preparado, la mitad de las cosas eran demasiado difíciles para que las hicieran y la otra mitad no dio tiempo hacerlas porque hubo que tratar de solucionar conflictos varios (pataletas, pises contagiosos, riñas…). Cuando salí pensé…. “¡Madre mía!” pero llegué a casa y me puse a preparar más cosas atractivas y adecuadas a su edad y con esfuerzo y sacrificio poco a poco la experiencia me llevo a ser la profesional que soy ahora.

Tras más de dos años siendo mami, veo como muchos de aquellos “Yo nunca….” que decía al ver algunos padres, se han convertido en “Yo siempre” o en “Yo en algunas ocasiones”. Me he sorprendido a mi misma haciendo cosas con mi pequeño que hace dos dias había recomendado no hacer a algún padre/madre del cole.

Cuando decidí ser madre supe que no sería fácil, pues los niños no lo son. Pensé que llevaba un punto de ventaja, puesto que sabía a lo que me iba enfrentar . Sabía que los niños se cogen un berrinche en el momento menos oportuno, sabía que los niños están constantemente malitos,  que se hacen chichones, heridas… multitud de veces, que gritan, ríen, lloran, disfrutan como si no hubiera un mañana y agotan porque viven todo con una intensidad y una energía que siempre me pregunto de donde sacan. Pero lo que no sabía, era lo que se siente cuando es tu hijo el que tiene una pataleta, no sabía lo que se siente cuando es tu hijo el que está malito y tú corazón se rompe al verlo sufrir, no sabía que se me pudiera acabar la paciencia tras noches y noches sin dormir de tirón, no sabía que me tocaría ceder y poner la tv para poder ducharme tranquila, que cedería a poner la tablet en el coche para evitar un accidente que puede ser provocado por el nerviosismo que causan unos lloros interminables, que sus caídas podían dolerme más a mi que a él, que una sonrisa pudiera levantar hasta el día más difícil, no sabía que se pudiera querer más de lo que quería, que un beso suyo pudiera otorgarme la fuerza de una súper heroina, en definitiva… no sabía tantas cosas.

Ser madre es difícil a veces, pero hermoso siempre, porque hasta en los momentos más duros y más agotadores ese pequeño ser te hace sonreír, te hace besar con más cariño, te hace unirte más como familia.

Veo a mi yo pasada y a mi yo presente. He cambiado tanto, he aprendido tanto que  a veces me cuesta reconocerme. Nunca me hubiera imaginado preparando comidas, ropas, mochilas, bolso… a las 22:00 de la noche y aún así levantarme hora y media antes de ir a trabajar para que la casa se quede dentro de un orden. Nunca pensé entrar en zara y terminar en la zona de niños, porque prefiero comprarle a él que a mí, que me levantaría antes de las 7 un sábado y encima lo haría entre risas porque su forma de despertarme es única…

Estoy orgullosa de ver en lo que me he convertido y aunque seguro que cometo miles de fallos, lo hago lo mejor que se, porque te quiero como nadie puede quererte… como tú mamá.

 

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4 comentarios sobre “Reflexión sobre la maternidad. Mi yo del pasado y mi yo del presente.

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